El proceso comienza con los talleres de unidades convivenciales, un espacio grupal donde las personas participantes:
Se encuentran con otras personas en su misma situación
Se conocen, comparten experiencias y descubren afinidades
Reflexionan sobre sus necesidades, expectativas y estilo de convivencia
Se forman en autocuidado, convivencia, gestión económica y habilidades sociales
Exploran qué significa vivir en comunidad y tomar decisiones colectivas
Identifican sus fortalezas y sus posibles aportaciones al grupo
Estos talleres son el corazón del modelo, porque permiten que los grupos se formen de manera voluntaria, consciente y basada en el buen encaje entre iguales, evitando convivencias impuestas y favoreciendo la autonomía desde el inicio.